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SERGIO ALVARADO (1976)

Este artista, oriundo de Salcajá (Quetzaltenango), propone un estilo personalista que debe percibirse como una evolución del paisaje regional contemporáneo.  Alvarado ha expuesto en las mejores galerías de Guatemala y en el extranjero en México, Cuba, Francia, Honduras y El Salvador.  En su formación destacan la presencia de maestros como Rafael Mora, César Pinto y la Escuela Regional de Arte Humberto Garavito.


Alvarado fluye en un selecto círculo de artistas quetzaltecos quienes, ya por largo tiempo, han fortalecido el imaginario creativo de la nación con sus diferentes propuestas.  Conviene recordar que Xelajú ha destacado a lo largo de la historia por las bellas artes, la música y literatura.  Una sociedad que ha aportado lo mejor de su cultura al resto del país.

 

En una entrevista de 2020 manifestó su inclinación a creer en sus propios sueños para luego hacerlos realidad.  Además, se autodescribe como un observador de la naturaleza.  En un proceso evolutivo, que se inició en su niñez más temprana, siempre tuvo a mano material para dibujar y pintar mientras que, en su entorno inmediato, se escuchaba marimba y el compás del telar familiar.  De hecho, por tradición, él también fue tejedor.    


Un pintor que ama lo que hace.


Entre muchas de sus motivaciones para pintar destaca la producción, del también quetzalteco, Humberto Garavito.  La belleza alcanzada por este autor lo empujó a continuar pintando hasta lograr su propia aplicación del pigmento y con él facilitar diálogos con su pintura.  Misma que reboza de color y particularidades relativas al tono emocional emanado desde cada obra.


Su trabajo más reciente se exhibe en la Galería del Inter, ubicada en el hotel Real Continental, con motivo del X aniversario de dicha sala.  En estos lienzos se puede percibir un giro hacia lo abstracto y la sublimación de algunos de sus motivos iconográficos ¿Sigue siendo paisaje? Sí, lo es sin lugar a duda debido las sugerencias que propone el pintor.  


Regresando a la idea de los telares, estas representaciones pictóricas guardan una estrecha relación con los entramados textiles.  Hay ritmo y oficio en cada componente de su estructura compositiva.  El empaste, la superposición de elementos y colores, contribuyen a esa sensación relacionada con las telas y sus urdimbres. Hay placer en cada brochazo, se percibe la felicidad con la que cada cuadro es elaborado.  


Se aprecia la intención de rescatar la esencia de la floresta, con sus florecitas de colores brotando del espesor del pasto y, a lo lejos, estilizados bosques cuya misión es darle sentido al fondeado que bien puede ser un atardecer o quizás neblina envolvente. Aunque lo figurativo es importante en su propuesta, no hay que olvidar que cualquier tema abordado por él es un mero pretexto para pintar, pintar y seguir pintando.  Porque en esencia eso es este artista, un pintor que ama lo que hace.

GUILLERMO MONSANTO 



Cortesía: Sergio Alvarado

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